Manifiesto: Espacios nacientes

Manifiesto: Espacios nacientes

Espacios de encuentros…
Espacios de despedidas
Espacios de vida…
Espacios de muerte
Espacios de lo posible…
Espacios de todas las posibilidades.

Espacios Nacientes:

Es nacer a lo nuevo, morir a lo viejo. Es aprender de lo nuevo y desprenderse de lo viejo.  Es participar de la danza vital donde vida y muerte se dan la mano. Espacios que emergen y otros que se desvanecen.  Es soltar lo conocido y lanzarse en alta mar, hacia lo desconocido, donde Nuevas Américas nos esperan.

Es volverse aprendiz de lo inesperado. (John Lilly)

«Espacios Nacientes» es prestar atención a los espacios de concepción, de gestación, de alumbramiento y de vinculación.  «Espacios Nacientes» es valorar en la sexualidad la posibilidad de palpar el sabor de la eternidad y a la hora de decidir participar de la llegada de un nuevo ser, conjugar la pasión, el amor y el deseo responsable de engendrar una vida.

La renuncia al mundo intrauterino para lanzarse a la primera respiración autónoma es un acto de valentía, es vivir la primera muerte y abrirse a un mundo nuevo. Es el primer duelo, la primera tristeza, es el primer nacimiento, la primera alegría.

El Nacimiento es el primer cambio, el primer salto a lo desconocido.  Nacimiento y muerte, hoy en día, son momentos donde prevalecen el miedo y la violencia.

¿Una cultura que nos ofrece un “mal nacer” y un “mal morir” sabrá ofrecernos un “bien vivir”?

Es una violencia encubierta, ni siquiera es nombrada, a menudo disfrazada de «normalidad». Es importante reconocer esa violencia, de igual manera que se denuncia la violencia intra-familiar, la violencia de género, los abusos. El paso hacia un posible cambio es asumir lo que hay para desde ahí encaminarse hacia lo que se necesita o se anhela.

La violencia ejercitada a la hora del nacimiento, se queda registrada. Obviamente es una información que se estructura fuera de los caminos mentales verbales pero si dentro de los caminos neuronales y musculares.

Esta información altamente tóxica probablemente se re-active cuando se realizan cambios posteriores. Momentos esenciales como pueden ser una separación, la muerte de un conjugue, un exilio, una cambio de trabajo, la primera ida a la escuela, la entrada a la adolescencia que es nuevo nacimiento, el despertar a la sexualidad, a la espiritualidad…

De hecho los grandes momentos de cambios así que los pequeños momentos de transición, como el fluir de las sensaciones en el transcurso de lo cotidiano, podrían estar marcados por esta primera huella.

A la hora del parto se interrumpen los ritmos y ciclos orgánicos. Se pierde la conexión con las sensaciones, con los procesos naturales del cuerpo. Se desconectan bebe, madre, padre y hermanos del fluir de las propias experiencias.

Esta desconexión desgraciadamente nos seguirá acompañando, a menos que se haga un trabajo posterior de restaurar los procesos atencionales interrumpidos.

La interrupción del contacto se da de manera patética durante el parto. Creemos que puede ser de otra manera.

Proponemos un nuevo modelo cultural que honra lo espacios sagrado que es la concepción, la gestación, el parto y el recibimiento desde una dimensión amorosa y vital.

«Espacios Nacientes» ofrece un camino de crecimiento que se articula en torno a la figura metafórica del partero. Si la vida es un continuo flujo de muertes y nacimientos necesitamos aprender a ser parteros y transitar con gentileza en las corrientes de la vida.

“Para nacer he nacido” (Pablo Neruda)

En francés la palabra para partera es: «Sage Femme», que es «Mujer Sabia».

Los cambios en los ámbitos personales, interpersonales y sociales requieren de nuestra habilidad de partero y de nuestra sabiduría. Sabiduría que madura al presenciar, desde el silencio, el ser cuando se abren las puertas del misterio en el parto, frente a la muerte y en el transcurrir de la vida.  Partero de la conciencia, de las conciencias.

La presencia amorosa del partero le permite recibir experiencias que a menudo rebasan su aprendizaje mundano, su marco conocido de experiencia y los invitan a brincar los limitados parámetros de su conciencia ordinaria y entonces asomarse al misterio, a lo invisible.

Parteros y pateras, inspirados y conducidos simplemente por su tolerancia, su neutralidad, su aceptación incondicional, su gentileza, acompañan al buscador en territorios desconocidos, no reconocidos por la mente concreta, la mente pequeña. Los parteros y parteras confían y transmiten confianza en la sabiduría de la vida, más amplia que la suya propia.

«Espacios Nacientes» es enfrentar la complejidad del Ser Humano que resulta del encuentro de sus dos elementos constituyentes: lo natural y lo cultural. Es un animal social que es permeable a esa doble influencia.

En la medida que nuestra cultura se ajusta a las necesidades naturales estaremos en lo vital, y en la medida que nuestros valores culturales chocan o simplemente se olvidan de los procesos vitales entonces estaremos creando un ser humano sin corazón.

“Nos hemos olvidado del milagro de estar vivo, de ser vivo. Hemos banalizado el misterio de vivir.”

 

«Espacios Nacientes» es arte de vivir

Es aprender a soltar, a dejar ir: es arte de morir.  Es apertura para recibir lo nuevo: es arte de nacer. Está la gran muerte que nos espera al fin del camino y las pequeñas y seguidas muertes que conforman nuestro cotidiano. Abrir los brazos, abrir el corazón, una y otra vez a las experiencias que brotan y se desvanecen.

«Espacios Nacientes»: es transitar la impermanencia. Es conjugar, inercia y movimiento, seguridad y pasión, quietud e inquietud.  Labrar nuestra tierra interior, abrir nuevos surcos, nuevos caminos y así sembrar y cultivar nuevas informaciones nutricias y vitales. Renacer es comprometerse con nuevas semillas, amorosas, que necesitan de nuestros cuidados para llegar a florecer.

«Espacios Nacientes» es sensibilizarnos a la presencia del espacio, presencia invisible, presencia silenciosa. El espacio es esencialmente disponibilidad, es incondicionalidad. El espacio es linda metáfora para invocar la conciencia misma y sus atributos.

«Espacios Nacientes» es himno a la respiración.

Un ciclo del respirar consiste en vaciar, otro en llenar.

¿Después de cada suspiro vendrá una nueva inspiración? «Espacios Nacientes» es confiar en la vida. «Para Nacer he Nacido» es una confesión conmovedora del poeta Pablo Neruda: es cruzar ríos, transitar desiertos y acercarnos a la tierra prometida. Morir y Nacer es apostar por el amor, por la vida.

«Espacios Nacientes» es espacios de todas las posibilidades.

El espacio es abundancia: hay más espacios que formas.  El espacio generosamente recibe todas las formas. No pelea, su fuerza nace de una aceptación incondicional. Es crear espacios alter-nativos y celebrar la vida en su dimensión luminosa y aterradora. Confianza y desesperanzas nos acompañan. El espacio no juzga, no rechaza, no aplaude, simplemente acoge. «Espacios Nacientes» soltar la hegemonía de lo mental y descubrir otras maneras de relacionarnos con nosotros mismos y con el mundo.

No es renunciar a nuestro potencial mental, más bien es optar por un equilibrio armonioso entre el pensar, sentir y hacer. Una mirada, un gesto, una sonrisa, un suspiro, una palabra son tantas maneras de acercarse. Una palabra es «dicha» si nace del corazón. Una dulce palabra sentida es una bendición.

Crear un «gobierno» interno con tres instancias, tres poderes alineados, cultivando a la par el mundo mental, emocional y corporal nos abre a otros mundos, cuya sutileza nos escapa.

Habitar nuestros cuerpos, sus emociones, sus oleajes.  Es soltar nuestros pensamientos reactivos y dar la bienvenida a nuestro cuerpo, sus sensaciones y su fuerza sencilla.  Habitar los limites del cuerpo, su forma, su volumen, su peso…. Reconocer la finitud del cuerpo y en su finitud intuyir la presencia del infinito. El punto pertence al espacio infinito y el espacio infinito también pertenece al punto! Que potente paradoja.

¿Será que en otro momento es disolverSE en el cuerpo y reconocer nuestro Ser?

EncontrarSe es PerderSe
PerderSe es encontrarSe

Lo mental ocupa su espacio, no todo el espacio.  La emoción ocupa su espacio, no todo el espacio. El cuerpo ocupa su espacio, no todo el espacio. El espacio que queda es espacio de lo posible. Es infinito, es libertad que nos espera. En nuestro mundo, están todos los mundos.

«Espacios Nacientes» es invitación a vivir con amor el amor y el desamor.

Entender, in-corporar, sentir, compartir, ponerse al servicio del amor. «Espacios Nacientes» es poesía del encuentro, danza y canto de la vida, a la vida. Es celebración creativa que nos permite aventurarnos, con confianza, fuera de los senderos conocidos, fuera de los automatismos y ponernos en manos de nuestra espontaneidad, de nuestras intuiciones. «Espacios Nacientes» es también aprender a transitar por la inseguridad, es arte de naufragar diría mi compadre Memo Borja. «Espacios Nacientes» es cultivo de nuestra atención que hemos entregado a un mundo cada vez más experto en robarla.

Liberándonos de la mecanicidad empoderarnos de nuestra atención.

Es recordarse de sí mismo. También es olvidarse de sí y recordar al otro, al pequeño otro y Gran Otro. Es poner atención, prestar atención, dar atención, pedir atención como elección y compromiso. Poner atención es atender, es habitar el momento, es ser presencia. Es alumbrar, tan sencillamente como se respira, los paisajes que la vida nos ofrece.

«Espacios Nacientes» es espacio meditativo.

La meditación consiste en dejar caer todo lo aprendido, todas las experiencias pasadas, todas las matrices mentales, emocionales y corporales, para ubicarse en el momento presente, como un recién nacido frente a la experiencia, es decir sin filtrarla, sin hacer. No se trata de negar lo importante y necesario de lo aprendido. Se trata de tener en mente, que a menudo nuestro aprendizaje está teñido de nuestras interpretaciones y reacciones. Saberlo ayuda a tomar distancia y relativizar el propio enfoque. Suspender todo juicio es difícil. Los tiempos dedicados a la meditación representan un esfuerzo en esa dirección. Dejar caer lo conocido.

La apuesta consiste en dejar brotar otra respuesta, otra sabiduría que ilumina de otra manera la experiencia. Encontrar una mirada fresca, una mirada de recién nacido frente a la experiencia.

«Espacios Nacientes» es un recordar la fuerza vital de la creatividad, de la magia.

Es una invitación a confiar en el desorden entendido como etapa de la cual brotarán nuevas estructuras, un orden nuevo. Es invitación a equivocarse, a ser creativo. «Espacios Nacientes» es una invitación a incorporar la conciencia naciente desde nuevas conductas, en pequeños gestos repetidos con atención, con el fin de lograr cambios de conductas sostenidos. A menudo pequeños cambios repetidos en el tiempo ofrecen resultados espectaculares. «Espacios nacientes» es cultivar en lo cotidiano, nuevas maneras de vivir el tiempo, los ritmos… Buscamos humanizar nuestro cotidiano, recuperar los gestos sencillos que nos acercan a la vida.

Es Nacer a otro ritmo, otros tiempos

Necesitamos recuperar los tiempos para asimilar, digerir la información. Todo va tan rápido que nos quedamos empachados para así decirlo, indigestos. La profundidad, la receptividad, la capacidad de hacer un espacio de integración a las experiencias.
Lo que nos permite madurar no es la cantidad de experiencia vivida, sino la calidad con la cual se asimilan, se digieren las experiencias.

Alimentarse no es lo mismo que nutrirse. Lo que ingerimos no necesariamente se asimila. Lo que realmente nos nutre es lo que asimilamos. En esto se diferencia la nutrición de la alimentación. Algo muy similar pasa con las experiencias. Pocas son las que nos damos el tiempo de digerir, procesar y finalmente asimilar.

«Espacios Nacientes» es homenaje a México donde he muerto y renacido.

México tierra de pasión, de intensidad, de instintos, tierra donde la magia es realidad. En el México moderno está la herencia de sus antepasados, de sus brujos, chamanes y curanderos. Honrar México es honrar sus tradiciones, su sabiduría ancestral donde la espiritualidad es experiencia, gestos que se revelan en lo cotidiano. Fervor, ritos, fiestas, muertes, nacimientos…

México como tantos otros países denominados, con cierto desprecio, en vía de desarrollo, es un país con una pisca de caos.  Esa falta de estructura, de control deja espacio a lo espontaneidad, a la sorpresa. El costo de la seguridad, a todo precio, que se vive en el supuesto primer mundo significa a menudo la muerte de cierta pulsión profunda de vida, de la espontaneidad.

El costo de la seguridad, a todo precio, significa a menudo la muerte de la espontaneidad.

Si bien está presente en México la violencia también está presente la maestría de la violencia que es la ternura.

«Espacios Nacientes» es también encuentro de dos generaciones.

Nosotros, generación de los padres, Montse, Cherif y otros muchos, con nuestra sabiduría y nuestras creencias fundamentadas en un mundo que ya no es, y nuestros hijos, portavoces de lo nuevo, de otras maneras de pensar, sentir y actuar la vida.
Nuestra apuesta es aprender unos de otros, pasar la antorcha. Circularla es el proceso.
Ellos, Karim, Ericka, Omar y Adrián articulan sus vidas en torno a una conciencia política e ecológica, practicando la meditación, la yoga y otras disciplinas que los relacionan con la vida misma desde otros ritmos, desde otra perspectiva.
Nuestro anhelo común apunta hacia la circulación e incorporación de informaciones diferentes, de soluciones diferentes.
La información no nos pertenece, pertenece a la vida misma, solamente se manifiesta a través de nosotros.
La vida no tiene derecho de autor, no tiene Copy Right!
Si bien su acta de nacimiento se encuentra en el Amate, en Tepoztlán, “Espacios Nacientes” está también en movimiento, está de viaje por España, Francia, Alemania…
Por donde andamos nos anima una misma sed, la de compartir.

Fuente de la imagen: Manuel Cuesta

Para nacer he nacido

Para nacer he nacido

Pablo Neruda, en su poema “Para Nacer He Nacido”, nos recuerda que recorrer el camino de la vida es un proceso continuo de nacimientos y por lo tanto de muertes.
Los caminos de transformación, por diversos que sean, nos invitan a realizar cambios en nuestros hábitos de pensar, sentir o actuar que metafóricamente podemos describir cómo procesos de muerte y renacimiento.
Nos comprometen a dejar morir lo que ya no nos sirve y a nacer a lo que nos significa un potencial vital. En esencia esos procesos se articulan en torno a la capacidad de vivir el nacer y el morir con conciencia y a recibir esas dos caras de la vida con los ojos abiertos.
En nuestro contexto cultural y más específicamente en el mundo médico, altamente tecnológico y deshumanizado, la habilidad de acompañar al que nace y al que muere se ha perdido.
Por lo general la conciencia se encuentra encogida y prevalece a menudo una actitud tristemente patética teñida de insensibilidad, miedo y violencia, en relación a esas dos vivencias.
Nos hemos olvidado que son ritos de pasaje, son momentos sagrados que nos compenetran con la vida y su misterio.
A menudo miedo, desconexión, violencia y sufrimiento son los elementos inconscientes almacenados durante la primera transición, el primer gran cambio que es el parto.
Si nuestra conciencia individual y social está velada y se identifica con los parámetros “normales” de nuestra cultura enferma, es posible que los procesos de crecimiento, de educación o de transformación social corran el riesgo de despertar los registros de miedo y violencia asociados a la difícil vivencia del primer cambio, el nacimiento.
Esa información se puede activar por ejemplo en los procesos terapéuticos personales y en retos vitales como son divorcios, exilios o muerte de un ser querido.
¿Será que esa memoria primaria también se dispara durante los procesos de cambios sociales? Me parece probable.

 

En mis 40 años de hacer terapia he tenido presente esta problemática del miedo, de la deconexión, de la violencia y del sufrimiento.
Por mi propio nacimiento y mi estructura de caracter esos elementos me son familiares.
He desarrollado, al ritmo de mi proceso personal, una práctica terapéutica que apunta hacia la gentileza, la confianza, la atención y la aceptación del dolor y se articula en torno a la metáfora del parto.
Se trata de plantear un parto sin violencia, un parto humanizado, un «parto dulce».
Hoy en día vivir la dulzura me significa un camino y una búsqueda personal. Ciertamente enseño lo que todavía necesito aprender.
Al iniciar mi oficio, probablemente por temor a enfrentar el tema de la muerte, me dediqué solamente a explorar la realidad del nacimiento.
Hoy en día, ciertamente más cercano a la muerte, me es más fácil, o menos difícil, reconocer que nacer y morir son dos caras de una sola y misma experiencia.
Mi anhelo es acompañar, desde otra conciencia, las experiencias de muertes y nacimientos y participar de una cultura que honra esos procesos vitales.
El bien vivir es el espacio entre el bien nacer y el bien morir.
Es el espacio del momento presente.

 

En «Espacios Nacientes» reconocemos cuatro momentos vitales en torno a lo perinatal: la concepción, la gestación, el parto y el recibimiento.
Momentos que se relacionan de manera analógica con los procesos de transformación en el campo educativo, terapéutico o social.

Veamos cuáles son esas etapas:

1. La concepción:
nos conecta con el espacio, socialmente velado, de nuestra sexualidad y nos refleja la riqueza y la miseria de nuestra capacidad de desear, “pro-crear” o simplemente crear. En este mismo sentido el proceso terapéutico nos invita a crear nuestro presente sembrando la semilla de nuestro futuro en un acto amoroso y gozoso de concepción.

2. La gestación:
nos remite a un espacio de disponibilidad y asombro frente a lo que nos rebasa. Nos invita a hacernos a un lado frente al misterio, frente a la vida misma. En este sentido la gestación es arte de ser receptivo, a las fuerzas vitales, sin interferencia y manipulación. Es habilidad de esperar sin desesperar. El proceso de crecimiento, de la misma manera, nos invita a participar con confianza del regalo de lo desconocido, a relacionarnos de manera amistosa con el tiempo, y ser testigos asombrados de vida misma.

3. El parto:
en el parto la intensidad nos atraviesa. Una ola vital nos puja y nos empuja a extender nuestros límites. Si nos resistimos, esta fuerza nos atropella, nos lastima. Cabalgar esta fuerza es, al contrario, fuente de vitalidad, alegría y gozo. Cambiar es también reconocer la naturaleza de nuestras creencias, de nuestras resistencias y es aprender a pulirlas: los procesos de crecimiento nos ayudan a atravesar las resistencias frente a la intensidad y al dolor; no resistirnos es aprender a seguir con entrega las corrientes de la vida.

4. El recibimiento y vinculación:
Con el corte prematuro del cordón umbilical, con la separación violenta del bebe de la madre, con la ausencia del padre y tantos otros elementos violentos culturalmente aceptados, nos alejamos de los procesos de autorregulación del organismo y entramos en caminos innecesarios de mal trato, abandono y muerte que nos dejan heridas profundas. La experiencia es de ser «malvenid@s» a este mundo. Esta primera experiencia de cambio, de transición entre el espacio acuático y el espacio externo está entonces vinculada con angustia y abandono. Un proceso de transformación es reparador en la medida que aprendamos a honrar la experiencia naciente, recibiéndola con el corazón abierto. En otras palabras nos invita a cultivar la cercanía a sí mismo y la apertura al otro. Es el arte de dar la bienvenida a lo que la vida nos brinda de experiencia y también de cultivar, de manera continua, los vínculos que permiten nutrir una semilla nueva para que pueda florecer.

Vale la pena mencionar otro elemento analógico entre el embarazo y el proceso de cambio. Son los estados alterados de conciencia que permean ambas experiencias.
Una mujer embarazada vive en lo fisiológico, lo emocional y lo mental un estado de profundos cambios. Sus energías y su conciencia se lanzan más allá de los registros cotidianos conocidos; son portadores de vitalidad.
El embarazo se da, en esencia, en un marco de conciencia alterada con un enorme potencial de transformación.
Esas olas de conciencia nacientes son contagiosas y alcanzan a “tocar” al padre y a los demás miembros de la familia. Activan cambios profundos en la estructura personal y familiar.
Esas mismas olas vitales son, a menudo, una amenaza para el equilibrio personal de la futura mamá y de su entorno familiar y despiertan fuertes resistencias.
Un proceso natural, vector de una promesa de cambio, se transforma en algo que “embaraza” y de lo cual hay que “aliviarse”.
¡Lo vital se vuelve amenaza, lo vital se torna enfermedad!

El cambio terapéutico se da igualmente desde un estado de conciencia incrementado.
“Espacios Nacientes” transforman en lo profundo los vínculos entre los protagonistas principales de nuestra triada interior: la madre, el padre y el hij@, invocando una conciencia expandida.
Desde el reconocer las informaciones y las experiencias tóxicas que alimentan nuestra triada primaria caminaremos hacia el concebir, gestar y dar a luz a una nueva trinidad interna amorosa.
¡Daremos luz a la luz misma!
Los terapeutas, educadores, agentes del cambio personal y social que se proponen explorar nuevos territorios, alumbrados por una conciencia plena, son parteros que acompañarán y facilitarán los nacimientos desde una mayor confianza y gentileza.
Una nueva instancia interior, la de partera, que invocamos a lo largo de los procesos, nos ayuda a realizar una doble tarea:

  • En lo regresivo sanar la información del nacimiento biológico.
  • En lo progresivo invitarnos a vivir, sin violencia y sin miedo, los continuos nacimientos y muertes que la vida nos propone.

Recordemos que partera en francés se dice «Sage Femme», es decir «Mujer Sabia» y esa sabiduría es la que nos permitirá honrar las palabras del poeta:
“Para Nacer He Nacido”